2.- ¿QUÉ ES UN SISTEMA REPRESIVO?:
En el texto que utilizamos como base podemos leer esta respuesta:
"Un sistema represivo es una totalidad estructurada que integra diversos niveles, áreas, espacios y medios diferentes pero funcionales a esa totalidad y que tiene como objetivo estratégico desintegrar para siempre la reivindicación independentista vasca. Un sistema represivo es como un pulpo con mucho tentáculos: el cerebro, los ojos y los dientes trituradores, están en el centro del pulpo, pero este centro no viviría ni un segundo sin los vitales tentáculos flexibles y adaptables a cualquier terreno y en cualquier circunstancia: son los tentáculos los que penetran en los más pequeños huecos de las rocas, los exploran y sacan de ellos a las víctimas; son los tentáculos los que agarran y asfixian a las grandes presas. Son tentáculos diferentes para funciones diferentes e incluso cada uno tiene, en su unidad, dimensiones y formas diferentes. Pero los tentáculos se paralizarían si no recibieran las órdenes del cerebro, del centro estratégico. Naturalmente este símil tiene sus limitaciones, como veremos, pero es el más válido para hacernos una idea muy aproximada del monstruo al que nos enfrentamos".
O dicho de otras formas:
"Un sistema represivo hace que el todo sea superior a las partes y que el todo tenga un objetivo unitario con mayor perspectiva que el objetivo concreto de cada una de sus partes, de cada una de las represiones concretas. Naturalmente, sin el Estado, sin su poder centralizador decisivo, no habría sistema represivo. Un Estado débil, dividido, no puede aplicar un sistema represivo fuerte, coherente y con claros objetivos. Sí puede, y lo hace, imponer una brutal represión física generalizada, o un autogolpe incluso, pero entonces apaga las llamas sin extinguir las brasas con lo que tarde o temprano reaparecerán los incendios. La mejor efectividad represiva es la que realiza un sistema que integra medidas económicas, políticas, culturales, policiales, etc., lo que exige que el Estado funcione mínimamente bien. Por otra parte, es más fácil manejar un sistema represivo que a cada una de las represiones por separado. Y es mucho más fácil aún, aunque no lo parezca, cambiar un sistema represivo por otro que cambiar por separado cada uno de los niveles represivos sin atender a su unicidad".
La primera parte de esta definición nos remite al problema del Estado como instrumento de dominación. La definición tradicional y menos rechazada por la sociología burguesa, o sea, la definición de Weber según la cual el Estado es el instrumento que garantiza el monopolio de la violencia, es parcialmente válida porque el Estado es mucho más que eso, y sobre todo, porque además de ser también eso --como insistían antes que Weber todos los teóricos revolucionarios-- es sobre todo el instrumento que garantiza la dominación global del capitalismo, y cuando éste necesita oprimir a algunos pueblos para extraer de ellos beneficios de todo tipo, entonces el Estado es el instrumento imprescindible para esa explotación. Es decir, aunque la violencia es necesaria, no sólo se trata de ejercer la violencia, porque existen otros instrumentos que facilitan esa explotación como las leyes económicas impuestas, las leyes lingüístico-culturales, las leyes educativas, etc.
Más aún, si éstas funcionan bien y controlan y alienan a la gente, desnacionalizándola, entonces el Estado no necesita recurrir tanto o tan manifiestamente a la violencia represiva y menos a la brutalidad. Para comprender mejor cómo funcionan los mecanismos de decisión que evalúan el grado e intensidad de la violencia, su oportunidad y sus niveles de aplicación hasta llegar a la brutalidad sanguinaria del fascismo, por ejemplo, hay que tener en cuenta que todo sistema represivo moviliza a su vez una estrategia y que ambas, por su parte, van dentro de un paradigma político-militar que les engloba. La estrategia represiva es la que marca los objetivos, las tácticas y los pasos y el paradigma político-militar es el que justifica y envuelve teóricamente el desenvolvimiento del sistema y de su estrategia. Ahora no podemos extendernos más en detalle pero, a grandes rasgos, hay que decir que el paradigma represivo político-militar --siempre es político-militar-- estudia no solamente su propia experiencia sino las experiencias de otros países, y que recibe ayudas teóricas y técnicas de otros países, generalmente de las fuerzas represivas del imperialismo hegemónico y/o de los Estados más avanzados en las represiones más sofisticadas y modernas. Por su parte, la estrategia represiva se aplica muy frecuentemente con el consentimiento cuando no con la incitación y el apoyo directo del imperialismo y/o de otros Estados interesados en acabar con esas resistencias.
Desde la perspectiva de este escrito, interesa detenernos un poco en la explicación de qué es el Estado, como funciona y qué poderes tiene no sólo en su interior, en sus estructuras burocráticas conocidas y secretas, y en este sentido nos limitamos a citar:
"El Estado burgués dispone de grandes instrumentos con los que dirigir la estrategia represiva: uno, los aparatos burocráticos y ministeriales típicos, que operan libres de cualquier control democrático y judicial exterior, que tienen canales internos de coordinación o de dirección conjunta y hasta única; dos, las instancias, burós u oficinas específicas de dirección y planificación integrada, como Estados Mayores, Gabinetes de Crisis, etc.; tres, grupos de estudio y de elaboración interdisciplinar, sean oficiales o extraoficiales, que periódica o permanentemente revisan las experiencias, proponiendo mejoras o cambios; cuatro y más importante de lo que sospechamos, los presupuestos generales del Estado; quinto, las ayudas internacionales y la existencia de modelos represivos aplicados por otros Estados con cierto éxito; sexto, como ayudantes fieles, prensa, partidos, sindicatos amarillos, parlamento, judicatura, Iglesia, empresas privadas de seguridad, sistemas de telecontrol y televigilancia, sistemas privados de seguros de enfermedad, empresas públicas de servicios, etc.".
Y también:
"Hay que partir del criterio de que el Estado, aunque formalmente se agota en sus límites burocráticos oficiales, tiene empero un montón de lazos y conexiones con instancias, organizaciones, estructuras, etc., paraestatales y extraestatales, de modo que sus límites reales, operativos, son más difusos y elásticos de lo que parece oficialmente. Un ejemplo entre muchos es la organización de la guerra sucia. Otro es el complejo entramado de influencias mutuas político-empresariales y sindicales, con repercusiones directas en las disciplinas represivas laborales. Otro es el entramado de empresas privadas de seguridad, empresas de detectives civiles y nuevas empresas de seguridad electrónica y de telecomunicaciones para bancos, cajas, grandes consorcios, almacenes y grandes superficies, etc. Podríamos extender los ejemplos que ilustran las imprecisas y muy porosas fronteras prácticas que separan al Estado de estructuras paraestatales oficiales, semioficiales y alegales, y también de estructuras extraestatales".
Las relaciones mutuas entre estos diversos niveles están siempre condicionadas por la lógica del máximo beneficio del capitalismo, lógica que explica, en última instancia, el que la ocupación de un pueblo por un Estado busque siempre un beneficio material y simbólico. La referencia que hacemos a lo simbólico es importante y, como volveremos a ver más adelante, tiene una directa, permanente e inmediata consecuencia práctica. En todo lo relacionado con las identidades nacionales, lo simbólico tiene un esencial contenido material tanto para el ocupante, que extrae determinados beneficios simbólico-materiales pues no sólo de trata de los miles de millones de pts. que expolia el Estado español a Hegoalde en beneficio del capitalismo español, sino también los beneficios simbólicos que el gran nacionalismo opresor y racista español obtiene expoliando a los vascos, único pueblo que ha resistido desde antes de la aparición y formación no sólo de España como nación-burguesa --fenómeno muy reciente y débil estructuralmente-- sino también mucho antes de la formación del castellano como lengua que sólo tiene diez siglos de existencia.
Mantener una maquinaria de opresión que garantice la expoliación no sólo de las propias clases oprimidas, del proletariado español, sino también de las naciones vasca, catalana, gallega y andaluza, y de otras regiones con personalidad cultural muy fuerte, como Aragón y Asturias, por ejemplo, exige al Estado español un esfuerzo considerable. Sin entrar ahora a análisis histórico de la formación de España, hay que decir que su aparato estatal está constituido desde sus orígenes buscando no sólo la explotación de su s trabajadores internos sino a la vez, y en los momentos críticos y cruciales sobre todo --"antes una España roja que rota"--, el mantenimiento de la "unidad" a cualquier precio. La razón, una vez más, hay que buscarla en las debilidades históricas de la acumulación capitalista en la península y en el hecho de que los dos capitalismos más poderosos surgieran precisamente en naciones no castellanizadas, así como en otros fenómenos que no podemos exponer ahora. Todo esto quiere decir que el Estado español está esencialmente unido un territorio de explotación y expoliación que en realidad es una geografía de mercado a la que los ideólogos y propagandistas, sean de la opción política que sean denomina "nación española".
La forma muy problemática y muy contradictoria con la que se formó España recientemente explica que a diferencia de cómo funciona el sistema represivo en un Estado uninacional, de un Estado que no oprime a uno o varios pueblos en su territorio oficial, en donde sólo se ha de machacar a las clases trabajadoras y a las mujeres, ahora también a los inmigrantes, en el Estado español, además, hay que machacar a varias naciones y mantener controladas a regiones con fuerte identidad histórico-cultural. Ello sobrecarga las tareas del sistema político y de la burocracia estatal y hace que las crisis se sucedan con más frecuencia y sean mucho más graves. Por eso sus soluciones son más complejas y requieren cambios y adecuaciones más serias y más frecuentes. También por eso, su nacionalismo opresor es bastante más fanático e implacable, esencialmente racista y despreciativo de las naciones que oprime porque necesita esa creencia de superioridad para mantener la unidad ideológica de sus fuerzas represivas y la alienación gran-nacionalista y burguesa de sus clases trabajadoras.
3.- CENTRALIDAD POLÍTICO-MILITAR
![]() |